Fuente La Mulata, abastecedora de historias
Morelia,
Michoacán.- ¿Conocen
Morelia? Pues si no la han visitado se pierden de bastantes maravillas
que aún en día cuentan los edificios históricos de la también llamada CIUDAD DE
LA CANTERA ROSA.
En ésta ocasión hablaré de un lugar poco frecuentado, pero muy histórico, se trata de la Fuente de la Mulata, obra que data de
principios del siglo XIX la cual fue
hecha por la gran necesidad de abastecer de agua a Morelia.
La
Mulata, fuente que retiene parte de la historia, esa que se sabe a cuentagotas,
nos abre la oportunidad de buscar qué hay detrás del asesinato que la bautizara,
o de del comercio que por tanto tiempo
dio cita a las primeras personas que habitaban cerca de ella. Así como la
ciudad de Morelia tiene lugares llenos de
memorias, La Mulata aún retiene a forma de susurro su historia por
contar.
La
ciudad de la Cantera Rosada posee diversos atractivos, pero existe una
particularidad, el primer cuadro del Centro Histórico está lleno de fuentes que
le dan un toque especial; una de ellas es la Fuente de “La Mulata”, ubicada en
la calle Héroes de Nacozari, esquina con la Cinco de Febrero de esta capital.
Fue
inaugurada hacia 1873, con el propósito de abastecer de agua al barrio de San
José, conocida como la fuente de la Mulata de Córdoba, nombre que según los
datos históricos que existe de ella, se tomó de un tendejón cercano a ella. Sin
embargo, doña Clarita, vecina del lugar, nos cuenta que de voz en voz, que el
nombre de aquella fuente se dio tras el asesinato de una mujer hermosa de piel
morena a la que le decían La Mulata, quien mientras bebía agua fue asesinada
por una joven muchacha que le tenía envidia, es importante mencionar que esta
información también la reafirma el historiador Ricardo Aguilera Soria en su
texto “Rosa de los vientos; Vida cotidiana, el Centro Histórico de Morelia”, el
cual está publicado en el boletín del archivo histórico.
Desde
su inauguración, hasta por allá de los años 30´s, La Mulata se “adornaba” entre
olores a pan recién horneado, entre el que se distinguía el olor a las conchas,
los cuernitos humeantes y esponjosos así como los crujientes polvores, ese olor
era uno de las típicas aromas que inundaban las calles que rodean la
fuentesita.
Nos cuenta doña Clarita, que vivió cerca de aquella zona, que la
fuente fue punto clave para el comercio. Sobre la calle se vendía todo tipo de
víveres, desde la carne fresca como chorizo, carne de res, pollo y pescado que
traían en canastas las personas que vivían cerca del lago de Cuitzeo; hasta la
frutería donde los marchantes podían escoger entre las frutas de temporada, las
verduras recién cortadas para el caldo de pollo entre otros alimentos. Para las
personas de los ranchos, lo ideal era venir a comprar las pacas de rastrojo
para los animales, el alimento para los puercos y pollos, además de las
herramientas para arar la tierra.
El
bullicio de las personas que se congregaban junto a la fuente era como el mismo
ruido del agua que brota de ella. El camino que rodeaba a la fuente era
empedrado de lisas piedras que se adornaban de ligeros paredones donde yacía el
punto perfecto para dar de beber agua a los burros, caballos y mulas, aquel
abrevadero siempre tenía más de 6 animales
que con gusto saciaban su sed tras las arduas jornadas de camino que
recorrían; hasta hoy en día aún se puede ver presente lo que fue aquel abrevadero
en la fuente de La Mulata.
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| Foto: Víctor Ramírez |
Aquella
caja de agua, fue hecha con un diseño elíptico en forma de un trapecio de las
esquinas, tuvo un ajustando eje mayor sobre la diagonal del cuadrilátero. El
recipiente posee sólo una moldura en la parte superior y en el centro una
espiga en buena proporción al tamaño de la fuente, por donde brota el agua, así
como un desnivel del terreno con el abrevadero acoplado para dar servicio a las
bestias.
La
Mulata de estilo barroco solía vestirse de olores, sabores, ruidos y bullicio,
pues allí se concentraba un mercado que era montado en su mayoría por los
campesinos que venían de Tarímbaro, Cuitzeo, El Carrizal, El Arco, Rancho
Nuevo, la ExHacienda de Guadalupe, Santa María, entre otros ranchitos. A las
orillas de la fuente, se vendían los
productos más frescos que cosechaban. Con gritos de ¡Pásele marchanta! ¡Maíz de
color, tortillas hechas a mano, llevé sus huevos de gallina de rancho!, transitaban
las personas cada día.
Pero
no sólo el mercado atraía a los visitantes, en la esquina de la cera del
enfrente de la fuente sobre la calle Héroes de Nacozari se estacionaban los
primeros camiones, mejor conocidos como guajoloteras que cobran un tostón por
persona que transportaban, las cuales no eran muchas pues la gran mayoría
llegaba en sus animales o a pie.
Conforme
los años pasaron, la fuente de La Mulata dejó de abastecer a los habitantes,
pues el ingreso de un mejor sistema hidráulico para tener agua dejó a la fuente
como un adorno más de la ciudad de Morelia. Según doña Clarita, después de los
50´ y hasta 1963 cuando nuevamente entró en servicio, La Mulata era sólo un
adorno carente del bullicio que con anterioridad se había “vestido”.
A
pesar de volver a llenar su espacio del líquido vital en 1963, con la llegada
de la modernización a Morelia, la fuente quedó inmersa en una sobria soledad,
quedando al olvido con un par de rayones de grafiti que dañaron su aspecto.
Sería a principios del siglo XXI cuando la fuente recobró parte de su bullicio
y brillo, pues su piedra fue pulida,
desaparecieron sus pisos empedrados y sus escalones fueron sustituidos
por un moderno pavimento e inclusive le dieron un aspecto más parejo a su suelo
y no conforme con ello le adaptaron una rampa para discapacitados.
Después
de ello, algunos meses más tarde la fuente sirvió de “sala” para quienes
acudían a tramitar su credencial electoral, pues en su perímetro se instalaron
las oficinas del IFE, las cuales sólo duraron unos años.
Hasta
hoy en día la fuente conserva su carácter surtidor de agua para el barrio, tal
y como lo demuestra su brocal desgastado, La Mulata se continúa cubriéndose de
un bullicio diferente al que lo acogió en un principio, es sin duda en su
solitario espacio guarda una historia que forma parte del colectivo
público.

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